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Jueves, 17 Mayo 2012

Venus, y sus tránsitos en particular, han sido muy importantes en el desarrollo de nuestro entendimiento del Sistema Solar. Las observaciones de los cambios en las fases de Venus ayudaron a que Galileo se convenciera de que los planetas giraban alrededor del Sol.
Galileo Galilei |
La geometría orbital de Venus vista desde la Tierra produce constantes cambios de fase y tamaño, como se observa en esta serie de imágenes tomadas a lo largo de ocho meses. |
El primer tránsito del que se tiene cosntancia histórica fue el de Mercurio de 1631, observado por Gassendi y que predijo el propio Johannes Kepler. El tránsito de Venus de 1639 fue observado por tan sólo dos personas (ambos ingleses): Horrocks y Crabtree. Jeremiah Horrocks hizo en Inglaterra las primeras observaciones telescópicas de un tránsito de Venus, que él había predicho con exactitud gracias a las leyes de Kepler.
Edmund Halley tuvo el privilegio de observar el tránsito de Mercurio ocurrido en 1677, durante su estancia en la Isla de Santa Elena. La observación de este fenómeno le da la idea genial de su utilización para poder determinar la Unidad Astronómica. Según Halley, si se cronometraba todo el tránsito desde diferentes lugares del mundo se podría determinar la distancia Tierra-Sol.
Los cálculos se aprovechan del paralaje que da diferentes trayectorias y contactos dependiendo del lugar de la Tierra donde se observen (los tiempos de contacto pueden variar hasta siete minutos dependiendo de la localización). Como Venus se encuentra más próximo a nosotros que Mercurio, los efectos de paralaje son mayores y, por tanto, también la posibilidad de realizar mediciones precisas.
Con este motivo se organizaron numerosas expediciones, incluida una española, para el siguiente tránsito de Venus, que tendría lugar en 1761, en lo que supuso la primera campaña astronómica de carácter internacional, con más de 130 expediciones por todo el mundo. La dificultad de cronometrar con exactitud el evento supuso que este primer intento fuera un fracaso.
La siguiente oportunidad sería 8 años más tarde, en 1769, y sería la última hasta el siglo siguiente.Como resultado de las ideas de Halley, astrónomos de diferentes países viajaron a lugares remotos del planeta para observar los tránsitos de Venus de 1761 y 1769. El astrónomo francés Delisle simplificó el método de Halley, aumentando las posibilidades de éxito. Según este método no era necesario cronometrar todo el tránsito, sino determinar el momento exacto de cada uno de los contactos internos.
De nuevo se organizaron numerosas expediciones, algunas con intereses encubiertos, pues nos encontramos en plena época de guerra. Concretemente 155 observatorios en 75 expediciones diferentes. La más conocida fue la que partió el 12 de Agosto de 1768. El navío Endeavour, capitaneado por James Cook, puso rumbo a las recientemente descubierta Tahití, con el objeto de medir el tránsito de Venus de Junio de 1769.
El barco del capitán Cook en Tahití, uno de los lugares de observación del tránsito de Venus. |
Jeremiah Horrocks observando el tránsito de
Venus de 1639 |
También existió una expedición franco-española bajo los auspicios cientfíficos del Real Observatorio de Cádiz y que observó el tránsito en la misión de San José el Cabo en la costa californiana. Finalmente los responsables máximos de esta expedición murieron de tifus.
En esta página de ESO (http://www.vt-2004.org/Background/Infol2) pueden consultarse más datos sobre el paralaje, incluyendo el modo en que se realizó la medición de distancias.
A pesar de las esperanzas puestas en el método de Delisle, estas observaciones no produjeron la exactitud esperada debido a la dificultad en medir un mismo evento simultáneamente y al efecto de la gota negra, un efecto hoy de sobra conocido que complica la determinación del momento de los contactos. A pesar de todo, dichas observaciones constituyeron un primer paso en la medición del tamaño del Sistema Solar y proporcionaron el primer peldaño en la escala de distancias cósmicas.
No se pudieron repetir expediciones hasta más de un siglo después. Concretamente los tránsitos de los años 1874 y 1882, en los cuales, y gracias al desarrollo de la fotograía en la investigación astronómica, se pudo determinar con gran exactitud el valor de la unidad astronómica. En el primero hubo observaciones simultáneas en EEUU, Francia, Ruisa, Reino Unido, Alemania, Italia, Dinamarca o Suiza. España no participó, pero sí lo hizo en el de 1882, mandando dos exitosas expediciones a Puerto Rico y a Cuba, bajo la dirección del Observatorio de San Fernando.
El 8 de Junio del 2004, después de más de un siglo desde que ocurrió el último tránsito, volveremos a disfrutar de tan especial evento. Repetiremos las mediciones que aquellos valerosos científicos, muchos de los cuales perdieron la vida en el intento, realizaron para determinar la distancia Tierra-Sol.
Más información sobre la historia de la observación de los tránsitos en:
(sobre la expedición de James Cook).
Dos artículos fascinantes sobre la historia de los tránsitos de Venus son:
''A (Not So) Brief History of the Transits of Venus'' por D. Hudon, publicado en ''The Journal of the Royal Astronomical Society of Canada'', Febrero, 2004.
''Expediciones Científicas Españolas para la Observación de Tránsitos de Venus'' por F. J. González González y F. J. Gálvez Fernández, publicado en ''Tribuna de Astronomía'', n. 59, Mayo 2004
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